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Ver Guantanamera

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El tema de la muerte y, más concretamente, de los problemas administrativos relacionados con los fallecidos, es un tema constante en la creación de séptimo arte en Cuba. De esta forma, hemos podido disfrutar a lo largo de la historia de varias películas sobresalientes que traten esta negrísima temática que, sorprendentemente, han ofrecido más comedias que melodramas.

Ejemplos de esto son la famosísima La muerte de un burócrata (1966) de Tomás Gutiérrez Alea o la más reciente Se Vende (2012) de Jorge Perugorría. Precisamente es el primero a quien podemos encontrar de nuevo relacionado con este perfil de película en el film Guantanamera (1995) que hace de codirector con Juan Carlos Tabío (colaboración ya de resultados demostrados en la anterior fresa y Chocolate), en una de las comedias más mordaces de la filmografía cubana y coproducción entre cubanos, españoles y alemanes.

Guantanamera narra la historia de Yoyita, una mujer que ya tiene 67 años y acude a Guantánamo a ver a su sobrina Gina y, de paso, a un amante de su juventud, Cándido, con quien quiere recuperar el contacto. Pero en el transcurso del viaje Yoyita muere.

Ante esta situación, Gina y Cándido deben hacerse cargo de los trámites necesarios para que Yoyita sea trasladada al lugar deseado por ella para que reposen sus restos. Sin embargo, el Estado ha creado un nuevo sistema de traslado de cuerpos con el fin de ahorrar en los costes de este proceso, que no es otro que decidir que de este trabajo se encarguen los familiares.

Gina, su marido Adolfo y Cándido inician así una road movie cubana en la que pasan alocadas aventuras en tan intensa misión, pese a que debería ser tranquila teóricamente. En su experiencia se encontrarán con numerosos personajes, destacando los pícaros camioneros Mariano y Ramón. Se da además la casualidad que el primero resulta ser un antiguo alumno de Gina, que estaba enamorado de ella, sentimiento que no parece haber amainado.

La razón de que Tomás Gutiérrez Alea se embarcase en un proyecto como este tras su éxito internacional Fresa y Chocolate (1993) es que en los momentos del rodaje el director ya sufría el cáncer que posteriormente acabaría con su vida el año 1996. Su cercanía a la muerte y los deseos de realizar las cosas a su manera, motivaron enfrentar Guantanamera con un humor negro más desarrollado si cabe que en La muerte de un burócrata, desprovisto además de cualquier limitación artística.

A pesar de ello, muchos críticos consideran que Guantanamera es una comedia negra que no destaca precisamente por una crítica social imperante. Razones que se dan para ello residen principalmente en la participación hispano alemana en la producción del film. Al parecer los artistas cubanos, pese a contar en ocasiones con un mayor control en sus proyectos y menor presupuesto para acometerlos, son capaces de crear producciones más críticas y, al mismo tiempo, nostálgicas, de su querida y natal Cuba. Frente a esto, los artistas extranjeros se entretienen más en la comedia y el drama como recursos estilísticos, para motivar sentimientos en los espectadores, más que provocar un pensamiento de autocrítica o denuncia social.

Pese a ello, Guantanamera no carece de ataques al sistema administrativo. La propia base argumental señala el imperativo ahorro de costes sin sentido el principal problema que empuja a los protagonistas a una aventura que, de suceder en cualquier otro país, no tendrían que haber imaginado siquiera.

Como era de esperar, la promoción de su título, apoyándose en la famosa canción Guantanamera de Joseíto Fernández y que, según confesaron los propios responsables de producción, fue toda una inspiración para el film, consiguió que el mundo entero fuera consciente de la existencia de Guantanamera. La posterior e inminente muerte del director encumbró más si cabe el éxito de la película.

Guantanamera recibió premios de festivales internacionales como el Festival Viña del Mar que se celebra en chile, así como también el festival Cartagena de Indias, celebrado en Colombia. Además de en estos dos, Guantanamera fue seleccionada en la sección oficial de otros importantes Festivales de Cine internacionales como el famoso Festival de Cine de Venecia o el mismísimo Festival de Cine de Toronto.

Guantanamera queda, por tanto, como un regalo póstumo de Tomás Gutiérrez Alea, que nos deja con una sonrisa en la cara ante una comedia que, pese a tratar el tenebroso tema de la muerte, lo hace de la positiva y feliz forma que sólo el director cubano sabía trasladarnos con sus creaciones.

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