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Suite Habana

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Cuando se intenta explicar mediante un listado o ranking las mejores películas cubanas, los primeros puestos son disputados por films como Lucía, Fresa y Chocolate y similares títulos conocidos por todo el mundo y de reconocido mérito en cualquier ámbito. Sin embargo, los puestos posteriores, esas medallas de plata que son menos recordadas pero de un valor inestimable, son siempre copadas por un mismo film, de forma totalmente absoluta e incuestionable. Esa película, realmente un documental, se llama Suite Habana.

Comenzaremos la presentación de Suite Habana nombrando sus defectos. ¿Por qué razón Suite Habana no es la mejor película cubana? Pues en primer lugar y de forma aplastantemente irrefutable, por tratarse de un documental. Como pieza demostrativa de la realidad cubana el film puede ser impecable, pero sin la magia orquestada por la ficción cinematográfica, el nivel al que puede competir le impide equipararse a pesos pesados que sí juegan con la baraja del séptimo arte convencional. No por ello decimos que Suite Habana no presente un montaje y una creación artística digna del mejor cineasta, sin embargo obras de mayor calado cuentan con  escenarios, efectos o incluso diálogos, sencillos recursos que superan en creación a Suite Habana.

Para hacerse una idea, el film o documental artístico como podríamos llamarlo, se vale únicamente de dos recursos sonoros. Por un lado el sonido de ambiente, todo el espectro de ondas que puede llegar por el murmullo de una conversación lejana, comunicados por megafonía previos a un trayecto en transporte público o incluso canciones interpretadas en escenarios.

Por otro lado, en Suite Habana hay una banda sonora instrumental melancólica, nostálgica y tan llena de vida como tristeza soporta en su base. Un poco similar a lo que los personajes que aparecen en el transcurso del metraje parecen transmitir.

La narración muestra la vida de varios cubanos, tan diferentes entre ellos como similares por sus sueños, humildes y sencillos, pero casi imposibles de realizar. Entre los personajes podemos encontrar situaciones tan dispares como un joven que anhela ser bailarín y una anciana que vende maní, algo que ha hecho durante toda su vida y en cuyo futuro a corto plazo no espera variar ni un ápice. También descubrimos a un niño con síndrome de Down a cuyo cargo está un padre dedicado y bondadoso, así como una de sus familiares que intenta que el chico se haga un hombre de provecho sin que por ello se tenga que convertir en una carga para nadie. También está el médico, quien en el fondo anhela con ser actor y que, por causas de la trama, despide al hermano.

En planos secuencia, pasando de una historia a otra y sin más efectos sonoros que los mencionados anteriormente, magistralmente el espectador va aprendiendo sobre estas personas que, al final del metraje, se nos revela que no son actores, sino ciudadanos interpretando a su propio personaje real que tiene un trabajo rutinario, pero sueña con un futuro mejor.

Dirige Suite Habana el director y escritor Fernando Pérez Valdés, probablemente uno de los mejores artistas que el panorama cubano ha podido ofrecer en toda su historia. Cinematográficamente ha conseguido realizar éxitos como José Martí: el ojo del canario (2010), La vida es silbar (1998), Madagascar (1994) o Hello Hemingway (1990), entre otros muchos títulos, siempre de reconocido prestigio y galardonados con multitud de premios.

Valdés presenta siempre en sus creaciones una relación entre varias historias o personajes, contrapuestos en un primer vistazo, pero que terminan relacionándose hasta un punto inimaginable tanto para ellos como para el espectador. El sueño de un futuro mejor es, además, una constante en sus títulos, probablemente fruto de su propio anhelo de libertad, tanto física como creativa, aunque como director ha disfrutado de los mejores placeres y honores que un cubano artista puede soñar.

No obstante, como sus personajes, Valdés sueña despierto, sueña con un mejor estatus de vida y así puede sentirlo el espectador en Suite Habana. Se trata de uno de los mejores retratos de la ciudad enmarcada en una época actual, alejándose de esta manera de tantas revisiones históricas que muestran glorias y derrotas del régimen y de sus ciudadanos. En pleno siglo XXI (la película se rodó en el año 2003), Suite Habana refleja con todo lujo de detalles, cómo viven los cubanos y, sobre todo, cómo sueñan.

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