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Pablo

El director camagüeyano Yosmani Acosta Martínez trae con Pablo algo más que un film de tintes dramáticos, es en realidad el primer largometraje centrado en el drama social que supone el maltrato familiar. En este caso, la víctima de tal abuso físico y verbal es Pablo, un joven con muchos sueños que son, sin embargo, frustrados por su padre.

Hasta sus 12 años, el pequeño Pablo disfrutaba con su madre y su abuela de una vida  tranquila y principalmente feliz. Iba a la escuela donde se divertía con los amigos, soñaba con un futuro mejor y dejaba transcurrir los días en una infancia realmente agradable para cualquier niño pequeño.

Sin embargo, el fallecimiento repentino tanto de su madre como de su abuela lo sitúa en convivencia forzada con su padre, una persona deleznable que siempre se había desentendido de él y del resto de la familia. Lamentablemente la ley impone que la figura paterna, al ser la única persona que tiene relación con el joven, queda a cargo de su educación y desarrollo hasta que sea mayor de edad. Dado que la ley le obliga a cargar con él, Rogelio, un ser sin escrúpulos ni corazón, obliga a su vez a Pablo a robar y a realizar actos delictivos para su propio beneficio, alejándole de la escuela, de los estudios, de sus amigos y de un posible futuro mejor.

El personaje de Pablo es magistralmente interpretado por el joven Javier Díaz Arona durante el martirio que fue su pre-adolescencia. Paralelamente, su hermano Daniel Barcén Varona también interpreta al mismo personaje, pero situando la historia en una época anterior y muy diferente (con 5 años).

Junto a estos dos actores que representan a una misma víctima, también participan los conocidos artistas Aramis Delgado y Omar Franco. El guión corre a cargo del mismo director Acosta, Luisa Alejo y Yoel Ortega, la fotografía es una labor realizada por Wilfredo Pérez, mientras que la música es de Adalberto Álvarez, Buena Fe y Carlos Varela. No obstante la banda sonora es de Humberto García Brañas, apoyado por Ricardo Arruit en el sonido y José Manuel González en la edición.

La importancia del film Pablo no se centra exclusivamente para el espectador cubano o para la propia producción cinematográfica nacional. Se trata de todo un proyecto pionero y de gran calidad, abrazado por el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano desde su proyección en 2012, dado que el maltrato familiar era hasta ese momento todo un fenómeno tabú, que se consideraba algo totalmente inevitable.

Yosmani Acosta Martínez quiere traer esta realidad a la mente de los espectadores de todo el mundo, junto a una reflexión en la que plantea, de forma realmente dura y cruel en ocasiones, los daños que pueden realizarse a menores sin capacidad para defenderse.

La película recibió no sólo el reconocimiento del público, sino también de la crítica, concediéndole la posibilidad de participar en el Festival Internacional de Cine de Nueva York con cinco nominaciones como mejor película extranjera, mejor director, mejor actor protagonista, mejor actor secundario y mejor historia original. Esto sucedió posteriormente a su presentación oficial en el Festival de West Palm Beach, en Florida.

Toda una alabanza a un film de presupuesto medio, con el que Acosta demuestra un gran talento no sólo narrativo sino también a la hora de sacar el mayor potencial posible de los actores. En cuestión de representación social, en “Pablo” encontraremos las clases más bajas, protagonistas de oficios y trabajos delictivos a todos los niveles, reflejando con ello una Cuba peligrosa y egoísta, pocas veces representada de esta manera en un film nacional.

No obstante, es la relación entre Pablo y Rogelio el principal atractivo del film, dado que representa todo lo que Acosta quiere dejar claro para sus espectadores. Y, más importante todavía, lo hace por primera vez en la filmografía general de Cuba. Frente a otras zonas del mundo como América del Norte, Europa o incluso Asia, Centroamérica no ha entrado previamente en un tema tan polémico, duro y dramático como lo es el maltrato. Sí se había reflejado en numerosas ocasiones las situaciones que muchachas cubanas, así como matriarcas habían tenido que soportar, pero más en términos de supervivencia económica que en drama social. En este último sentido, Acosta no sólo demuestra talento, sino que es todo un pionero.

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