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Boleto al paraíso

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Es preciso aclarar a los lectores y futuros espectadores de Boleto al paraíso, que esta película no es apta para todos los públicos. Y tal denominación no es debida únicamente a la clasificación por edades impuesta por cada organismo nacional, sino que es posible que muchos adultos no la soporten o no quieran acercarse a ella.

Boleto al paraíso es una película dura, muy, muy dura, que muestra uno de los entornos sociales más marginales y opresivos que existe, en cualquier lugar del mundo, aunque en esta ocasión centralizando la trama en Cuba, concretamente en La Habana y alrededores.

Los terribles sucesos que el espectador deberá asumir llevan desde la violación incestuosa de menores hasta la prostitución forzada, presentando salidas a oscuros callejones, tan desesperadas como el contagio por el SIDA o incluso el suicidio.

Eunice (interpretada por la joven Miriel Cejas) es la víctima de abuso sexual por parte de su padre Armando, con quien vive en ausencia de una madre ya fallecida. Tras varios intentos de huida sin éxito, ni siquiera valiéndose de la asistencia de su hermana en un pueblo lejano, finalmente se cruza en el camino de unos jóvenes rockeros, marginados por la sociedad, que creen que en La Habana está el denominado “boleto al paraíso”. Tal soñado destino no es realmente lo que creían, dado que consiste en ingresar en un sanatorio, donde por ley serán mantenidos en una cómoda habitación y alimentados todos los días. El único inconveniente es que allí sólo entran los enfermos portadores del virus VIH, por lo que sólo les queda la opción de contagiarse.

Onírica, intimista, cruda y crítica, Boleto al paraíso es una de las mejores películas actuales para descubrir ciertos aspectos del régimen cubano, así como la evolución de las nuevas generaciones, con lo que respecta a determinados aspectos radicales de la sociedad.

El film fue presentado con éxito en el Festival de Cine de Málaga en 2011, donde ganó el Premio a la Mejor Película, lo que también sucedió en el Habana Film Festival New York, mientras en el Festival Ibero-Americano de Cinema e Vídeo, Héctor Medina, que interpreta a uno de los jóvenes rockeros, ganó el premio a Mejor Actor y, finalmente, en el Festival Biarritz Amérique Latine. Cinémas & Cultures, donde ganó el Premio del Público.

Gerardo Chijona, nacido en la propia Habana en el año 1949, es el artífice de Boleto al paraíso, film que rodó exactamente en 2010. Previamente Chijona se había especializado en documentales aunque, desde el año 1987, se dedicó puramente al cine de ficción, aunque tenga que ser ficción realística y dramas sociales como los presentados en la película.

Es uno de los cineastas cubanos más admirados por su buen hacer en Festivales como el de Sundance, donde presentó precisamente Boleto al paraíso, o Cannes, donde ya ha acudido en anteriores proyectos.

Uno de los secretos de Boleto al paraíso es en realidad el montaje escénico perfecto que Chijona es capaz de poner en práctica, con unos ángulos de cámara pioneros en la región, un ritmo narrativo constante y sin altibajos, así como una explotación interpretativa de sus actores impecable, reforzando sus talentos y llevándoles a un nivel superior profesionalmente hablando.

Entre ellos destaca Miriel Cejas, quien realiza su mejor papel interpretativo para la gran pantalla, pese a que es más carne de teatro en la mayoría de sus decisiones profesionales. También debemos mencionar a Héctor Medina Valdés, debutante con Boleto al paraíso en el sector cinematográfico de primer nivel, aunque previamente ha participado en otros pequeños proyectos y cortometrajes, así como series de televisión.

Ambos consiguen intensificar sus interpretaciones a nuevos ámbitos, mostrándonos dos de los protagonistas más memorables del séptimo arte, con muchas similitudes a los mártires de Romeo y Julieta, aunque con una gran distancia cronológica y narrativa, si bien ambos tomaron decisiones equivocadas, casi sin saberlo. No obstante, no debe verse a Boleto al paraíso como un romance épico y trágico, sino como un profundo drama social, tan realista que se desea, aunque fuera por una vez, que la ficción superase la realidad. Lamentablemente no es así y todas las ciudades del mundo, desde Londres hasta La Habana, ven sufrir a sus ciudadanos más vulnerables ante injusticias difíciles de reparar.

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